Aunque existen diversos factores – como los genéticos, los evolutivos y los psicológicos – que influyen de forma determinante en ella, la autoestima se desarrolla en gran medida mediante la interacción personal, sobre todo la que tiene lugar con los padres o cuidadores en la infancia, pero también durante toda la vida, a través de los valores sociales compartidos, el aprendizaje por observación, la comparación social, o la aceptación o el rechazo interpersonal.

Durante la infancia, los padres o cuidadores influyen en la formación de la autoestima del niño, facilitando una autoestima sana si le ofrecen un afecto incondicional que facilite un vínculo seguro; si mantienen expectativas y límites claros, aunque no excesivos ni rígidos, y si tratan al niño con respeto en un clima democrático, no autoritario ni permisivo. También son importantes: el modelado, que ayuda a que los niños cuyos cuidadores poseen una sana autoestima, la adquieran ellos mismos mediante el aprendizaje por observación, y la aplicación de refuerzos adecuados.

Los valores sociales compartidos también moldean la autoestima; por ejemplo, si el grupo o la sociedad a los que pertenece una persona valoran la modestia y las conductas pro-sociales o si, por el contrario, anteponen el individualismo y la competitividad, será más probable que se asocie la autoestima a esos valores.

El factor interpersonal que se considera más influyente en la autoestima es la aceptación o el rechazo recibido, que puede tener diferentes formas y grados: la aceptación puede ir desde el respeto y la atención hasta el aprecio, la admiración o el amor en sus diferentes acepciones; y el rechazo también puede ser más o menos severo, desde ser menospreciado o ignorado, hasta ser excluido o maltratado.

Todas las teorías reconocen que la autoestima está influida por la forma en que una persona cree que es percibida y evaluada por los demás, pero las razones por las que ocurre así o la importancia que se le atribuye difiere de unos enfoques a otros, por lo que se habla de modelos intrapersonales o interpersonales en la autoestima.