Es posible que el descubrimiento del EMDR transforme la práctica de la psiquiatría y del psicoanálisis. A finales del siglo XIX, Pierre Janet,  y Sigmund Freud más tarde, formularon la audaz hipótesis de que una gran parte de los trastornos psicológicos que aparecen a diario en las consultas de los médicos clínicos – depresión, ansiedad, anorexia, bulimia, abuso de alcohol o drogas- tenían su origen en sucesos traumáticos. Fue una contribución inmensa, pero a la que no le ha seguido un método de tratamiento que permitiese aliviar rápidamente a las personas que los padecían. No obstante, cuando una huella disfuncional de las emociones es al fin eliminada por el método EMDR, los síntomas desaparecen a menudo por completo, y ello da paso a una nueva personalidad. Como se dispone de una herramienta que permite trabajar en la causa de los síntomas – no sólo controlarlos- y con mucha rapidez, lo que cambia es todo el enfoque acerca del paciente. Sobre todo porque los traumas pequeños son responsables de otros muchos síntomas además del estrés postraumático.

Un estudio llevado a cabo en Australia en un servicio de urgencias ilustra posibles consecuencias de los pequeños trastornos emocionales. Los investigadores han seguido durante un año a las víctimas de accidentes de carretera que pasaban por el servicio. Al final del año les hicieron una serie de exámenes psicológicos. Más de la mitad habían desarrollado síndromes psiquiátricos a consecuencia del accidente. De todos los síndromes constatados, el estrés postraumático era el menos frecuente. De lo que más sufrían esas personas era de depresiones simples, de ataques de ansiedad banales, de fobias. Un buen número de ellas había incluso desarrollado anorexia, bulimia o abuso del alcohol o las drogas, sin otros síntomas. La lección más importante que se puede extraer de este estudio es que no sólo es el estrés postraumático, ni de lejos, el único trastorno que requiere que se investiguen sucesos del pasado que hubieran podido dejar cicatrices emocionales que todavía hacen sufrir. En todas las formas de depresión o ansiedad es necesario tratar de identificar sistemáticamente en la historia del paciente lo que ha podido desencadenar los síntomas que le perturban en la actualidad. Después hay que eliminar el mayor número posible de esas huellas emocionales. Y la terapia EMDR es la más idónea para ello.