El ideal inalcanzable

A fuerza de correr tras un ideal inalcanzable y de situar constantemente el listón muy alto, te expones a perder la confianza en ti mismo y a sentirte con depresión.

Séverine, de 34 años, es ejecutiva en una gran empresa.

Se trata de una joven seria y rigurosa que cursó brillantes estudios. En el plano profesional, todo va bien, nunca recibe reproches de sus superiores, muy al contrario, sus evaluaciones son buenas. No obstante, Séverine se siente siempre insatisfecha con su trabajo: “Mire, doctor, tanto mi hermano como mi hermana tienen una profesión mucho más bonita que la mía. Yo soy sólo una ejecutiva de nivel medio, podría hacerlo mucho mejor”. Y Séverine se lanza a un largo discurso autocrítico. Me cuenta que debería haber alcanzado objetivos más importantes. De hecho, trata de hacerlo, acude a clases nocturnas, trabaja el fin de semana y me consulta en un estado de agotamiento bastante notable. Empieza a sentir depresión, a dudar, se dice que no lo conseguirá nunca. En el plano familiar, ocurre lo mismo, y eso que su marido le dice todos los domingos: “Descansa, Séverine, siempre estás atareada, no pasa nada si todo no sale perfecto”. En efecto, Séverine, es igualmente perfeccionista en su hogar, con su marido, su hijo y su casa. Por eso dedica los fines de semana y el rato antes de acostarse, a ordenar la casa, para que “todo esté perfecto”.

La dificultad de elegir

Los objetivos de Séverine son numerosos y probablemente inaccesibles, aunque con toda seguridad tiene capacidad para triunfar en muchos ámbitos. Todavía no ha comprendido que debe tomar opciones, ya sea elegir pocos campos en los que tendría notable éxito, descuidando un poco otros aspectos, o bien optar por triunfar un poco en todos ellos, ya se trate de su vida privada o de su vida profesional, y en tal caso admitir que no se puede ser el primero en todo. Si elegimos la diversidad en nuestras inversiones de vida, dedicaremos menos energía a cada campo que si vivimos para uno solo, el trabajo, por ejemplo. Al querer implicarnos a fondo y perfectamente en todo, nos exponemos, por una parte, a la depresión por agotamiento, y por otra, a la depresión por insatisfacción crónica. No es posible ser intachable en todos los ámbitos, de ahí la insatisfacción con uno mismo, que llegará a ser permanente, nos hará perder confianza en nosotros mismos y acabará por deprimirnos.